Parte 2: La serpiente se acerca mas
Corrió detrás de ellos sin pensarlo dos veces. El corazón le latía tan fuerte que parecía que iba a salirse del pecho. Las sombras de los árboles del parque se alargaban bajo la luz del atardecer, y cada paso que daba hacía crujir las hojas secas.
Ellos caminaban despacio, demasiado cerca uno del otro. Él le susurraba algo al oído y ella soltaba una risa baja, esa risa que antes era solo para ella. Los celos le quemaban la garganta como fuego líquido.
Se escondió detrás de un banco de madera vieja. Desde ahí podía verlos mejor. La forma en que él le tocaba el brazo, suave, casi cariñoso. La forma en que ella inclinaba la cabeza hacia él, confiando.
¿Quiénes eran? ¿Por qué parecían conocerse tanto? Las preguntas se amontonaban en su mente sin respuestas. Recordó las noches en que él llegaba tarde diciendo que había estado trabajando. Ahora todo cobraba otro sentido.
Avanzó un poco más, agachada entre los arbustos. Una rama se quebró bajo su zapato y el sonido retumbó como un disparo en el silencio del parque. Ellos se detuvieron. Miraron hacia atrás.
Contuvo la respiración. Por un segundo pensó que la habían descubierto. Pero siguieron caminando, esta vez más rápido, como si sintieran que alguien los observaba.
Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas. No quería creerlo, pero las imágenes se le clavaban en el alma. Esa complicidad, esa intimidad que ya no existía entre ellos. La serpiente del engaño se enroscaba cada vez más fuerte alrededor de su corazón.
Decidió seguirlos hasta el final del parque. Pasaron junto a la fuente antigua y tomaron el sendero que lleva hacia la salida sur. Allí, bajo la luz de un farol, él la abrazó. Un abrazo largo, de esos que duran más de lo necesario.
Ella sintió que el mundo se le caía a pedazos. Quiso gritar, quiso correr hacia ellos y exigir explicaciones. Pero se quedó paralizada, observando desde la distancia como una sombra más entre las sombras.
Cuando por fin se separaron, él miró su teléfono. Una sonrisa apareció en su rostro. Guardó el aparato y le dio un beso rápido en la mejilla a la mujer misteriosa antes de alejarse solo por el camino iluminado.
Ahora era el momento. Podía confrontarlo. Podía pedirle que le dijera la verdad. Pero algo dentro de ella le decía que aún no era el final de esta historia. Que había más secretos escondidos en la oscuridad del parque.
La mujer misteriosa se quedó allí un momento, mirando hacia donde él se había ido. Luego sacó su propio teléfono y escribió algo con rapidez. Una sonrisa peligrosa curvó sus labios.
¿Qué mensaje acababa de enviar? ¿A quién?
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